¿el ahorro no es progresista?

Finalmente, el Banco Central anunció la prohibición de vender dólares a particulares que quieran volcarlos al ahorro. Por supuesto, en lo inmediato la medida no va a cambiar absolutamente nada, ya que la prohibición de comprar dólares para atesoramiento en el mercado legal ya venía rigiendo de hecho desde hace un tiempo. Pero lo que me parece significativo (y preocupante) es el mensaje que se está transmitiendo: que el gobierno no sólo ve con malos ojos que la gente ahorre, sino que además va a hacer lo posible por evitar que ahorre. En otras palabras, en la Argentina de hoy, ahorrar es ilegal(*).

Eso debería preocupar, y mucho, a los progresistas. Porque, ¿es posible pensar en algún ideal más conservador que una sociedad sin ahorro? Todos sabemos que los pobres arrancan en una situación más desfavorable que el resto. ¿Cómo podemos pretender que lo reviertan si no es de a poco, y cómo pueden hacerlo de a poco si no pueden ahorrar? Salir de la pobreza es un proceso que toma tiempo: adquirir (o mejorar) la casa, expandir de a poco el negocio, ir adquiriendo los bienes que permiten una mejor calidad de vida, enviar a los hijos a la universidad para que se conviertan en profesionales. Salvo para los que tienen la suerte de ganarse la lotería o de jugar bien al fútbol, cada uno de estos pasos demanda tiempo, porque hay que ir juntando la plata de a poco, ahorrándola, hasta que sea suficiente para dar un (pequeño) salto. La historia de muchos argentinos de clase media que nunca fuimos pobres lo ilustra a la perfección: nuestros abuelos (y bisabuelos) llegaron pobres -muy pobres- de Europa, y salvo algunos que tuvieron la suerte de enriquecerse rápido, la mayoría pudo mejorar su situación sólo lentamente, tratando de ahorrar lo que se podía para que sus hijos pudieran ir a la universidad y acceder a una posición más acomodada. Exactamente lo mismo que hoy hacen millones de inmigrantes que abandonan sus países de origen para ir a conseguir trabajos que sus pares de otros países no quieren tomar, y así ahorrar para que sus hijos tengan una vida mejor que la de ellos.

En suma, sería bueno que en la Argentina se empiece a hablar un poco más de estas cosas. Que en lugar de hablar de la “igualdad”, el “mercado” y el “estado” en abstracto, empecemos a pensar un poco en el impacto de las políticas concretas que se están implementando, sobre todo en el largo plazo. Que dejemos de lado las etiquetas vacías (y fáciles) y empecemos a pensar un poco en cuestiones concretas. Si realmente queremos terminar con la pobreza, si realmente queremos vivir en un país más igual, tenemos que permitir que los de abajo puedan subir. No podemos ser tan caraduras de decirles que hacerlo es ilegal.

(*) Por supuesto, atesorar pesos es legal, pero no es ahorrar. Y sin duda existen algunos instrumentos legales de ahorro, pero los mismos sólo están al alcance de pocos. Para los argentinos pobres y no tan pobres (vg., Cristina Fernández de Kirchner), ahorrar es sinónimo de comprar dólares.

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