el posmodernismo en la política

Para el posmodernismo, todo es discurso, y toda verdad es relativa; pero esa misma afirmación constituye una pieza de discurso, que por ende debe ser leída posmodernamente, es decir, irónicamente. Como señala Umberto Eco,

I think of the postmodern attitude as that of a man who loves a very cultivated woman and knows he cannot say to her, “I love you madly”, because he knows that she knows (and that she knows that he knows) that these words have already been written by Barbara Cartland. Still, there is a solution. He can say, “As Barbara Cartland would put it, I love you madly.” At this point, having avoided false innocence, having said clearly that it is no longer possible to speak innocently, he will nevertheless have said what he wanted to say to the woman: that he loves her, but loves her in an age of lost innocence. (Eco, Postscript to The Name of the Rose, London, Harcourt Brace Jovanovich, 1983/84, p. 67)

En otras palabras,  toda afirmación posmoderna encierra dos mensajes, uno obvio y visible, el otro irónico e implícito (y desencantado). En el ámbito de la política, ello es positivo porque pone un freno a las ideologías absolutistas que tanto daño hicieron durante el siglo XX: adoptar una actitud posmoderna no implica carecer de ideología, pero sí ser consciente de los límites de toda ideología y de todo proyecto político. Como Martín Caparrós viene repitiendo últimamente, el relato kirchnerista le parece muy lindo, pero por eso mismo él “no se lo puede creer”. En otras palabras, Caparrós es demasiado posmoderno para ser kirchnerista. Y lo mismo vale para Beatriz Sarlo, o para Pola Oloixarac.

Pero el discurso posmoderno en política también entraña riesgos, ya que nunca faltan los que toman la referencia a Barbara Cartland como una cita erudita, como una forma de realzar el valor de la expresión “I love you madly”. Como lo advierte el propio Eco,

Thus, with the modern, anyone who does not understand the game can only reject it, but with the postmodern, it is possible not to understand the game and yet to take it seriously… There is always somebody who takes ironic discourse seriously. I think that the collages of Picasso, Juan Gris, and Braque were modern: this is why normal people [sic] would not accept them. On the other hand, the collages of Max Ernst, who pasted together bits of nineteenth-century engravings, were postmodern: they can be read as fantastic stories, as the telling of dreams, without any awareness that they amount to a discussion of the nature of engraving, and perhaps even of collage (p. 68).

En el campo de la política, ello se traduce en los Horacio González, que son lo suficientemente inteligentes para advertir que el discurso posmoderno de que “todo es discurso” tiene una importante cuota de verdad (y si no, ahí tenemos a “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “Pierre Menard, autor del Quijote“, o “La biblioteca de Babel”), pero no tanto como para advertir que esa cuota de verdad también se aplica al propio discurso posmoderno. Tomado en sentido literal, el posmodernismo en política conduce al mayor de los cinismos, porque el discurso del “todo es discurso” conduce a juzgar a todos (y a todas) exclusivamente por lo que dicen, y jamás por lo que hacen; al fin y al cabo, en un mundo donde todo es discurso, el “hacer” es un componente discursivo más, y por ende solo puede ser entendido y juzgado en términos discursivos. Se impone entonces la política de “lo que importa es la actitud”, la incesante competencia por posicionarse adecuadamente en términos del relato, que es, en definitiva, lo único que importa.

¿Kirchnerismo? No necesariamente; uno también puede pensar en los born again Christians del Partido Republicano, como se puede ver en este excelente post. Montoneros y fundamentalistas evangélicos tienen mucho, quizá demasiado, en común. Al fin y al cabo, una perspectiva posmoderna, para la cual el discurso es todo, no puede pasar por alto que las semejanzas estructurales en el plano discursivo son mucho más importantes que las innegables diferencias en el contenido de dicho discurso.

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