el problema es el antiperonismo

Estoy comenzando a leer The White Man’s Burden (algo así como “La Carga del Hombre Blanco”; la traducción suena pavorosa, lo sé), del gran William Easterly, el enfant terrible del mundo del desarrollo y la ayuda humanitaria. Aún no voy ni por la página 15 y el libro ofrece muchísima tela para cortar, así que estimo que pondré más comentarios en el futuro. Acá sólo quiero destacar que el libro ya me impactó porque pone en palabras algunas ideas medio gaseosas que ya vengo teniendo hace bastante sobre la forma en que la tradición liberal-republicana aborda el problema del peronismo.

Easterly es un economista que trabajó durante mucho tiempo en el Banco Mundial, tratando de combatir la pobreza en África. Se hizo famoso en 2001 con la publicación de The Elusive Quest for Growth. Economists’ Adventures and Misadventures in the Tropics (*), en donde argumenta que los reiterados fracasos de la comunidad internacional para ayudar a los países pobres de África no son consecuencia de la falta de voluntad o de recursos, ni del cinismo, ni de la mala suerte, sino de haber adoptado un paradigma equivocado. Justamente, The White Man’s Burden contrapone dos formas de encarar la ayuda humanitaria: la de los “Planificadores” (Planners) y la de los “Buscadores” (Searchers). Los primeros se fijan un objetivo ambicioso y motivador (eliminar la pobreza en diez años, digamos), y luego dedican tiempo, dinero y esfuerzo a lograr ese objetivo. Si las cosas no parecen estar funcionando, redoblan ese tiempo, dinero y esfuerzo, pero sin prestar mucha atención a por qué los resultados no llegan. Los Buscadores, en cambio, no se fijan objetivos; más bien, van al terreno a averiguar qué es lo que la gente quiere, y cómo es posible proveerlo. Easterly señala que el mercado funciona porque está lleno de Buscadores cuyo objetivo es satisfacer al cliente al menor costo posible. El argumento del libro es que la ayuda humanitaria sólo puede funcionar si está basada en un modelo de Buscadores y no, como hasta ahora, en uno de Planificadores. El problema con los Planificadores es que muchas veces gastan millones para comprar vacunas o redes contra los mosquitos, pero después no son capaces de hacer llegar esos bienes a quienes los necesitan. Los Buscadores, en cambio, van al terreno a ver cómo hacer para que la ayuda no termine en el mercado negro, siempre a través de un proceso de prueba y error.

Las reminiscencias hayekianas y sowellianas del argumento son evidentes, pero, ¿qué tiene todo esto que ver con el peronismo? Pues bien, leyendo el libro de Easterly noté que la forma en que los Planificadores encaran el tema de la pobreza en África es la misma en que en Argentina los miembros de la tradición liberal-republicana conciben (concebimos) la cuestión del peronismo: como un problema de ingeniería, es decir, como la forma más adecuada de organizar los medios para conseguir un objetivo prefijado, que no es otro que “derrotar”, “superar”, o “dejar atrás” al peronismo. Y es por eso mismo que los fracasos se van acumulando: porque el mismo objetivo de derrotar, superar o dejar atrás al otro presupone su exclusión como interlocutor válido, y por eso mismo sólo puede conducir a respuestas no menos excluyentes y tribales. Las críticas a los (muy reales) excesos y contradicciones de la tradición nac & pop encuentran eco entre los que están del lado propio, pero a la vez motivan la respuesta de los que están en la vereda de enfrente, con la consecuencia no deseada que la identidad que se pretende “dejar atrás” se fortalece en lugar de debilitarse.

En otras palabras, necesitamos un cambio de perspectiva. No se trata de superar, dejar atrás o acabar con el peronismo, sino de encontrar un terreno común con (algunos de) los que están del otro lado. Hay que tender puentes, no destruirlos. Más Urquiza y menos Mitre. Más Alberdi y menos Sarmiento (no olvidemos que el revisionismo histórico encuentra varias cosas rescatables en el primero y ninguna en el segundo, a pesar que el tucumano era en muchos sentidos mucho más liberal que el sanjuanino). Más cerca en el tiempo, tenemos al Alfonsín de 1983, que logró conseguir votos peronistas y romper con la famosa “ley de hierro” con un discurso innovador que no por eso dejaba de abrevar en lo mejor de la tradición liberal republicana (el valor de la democracia como procedimiento, el respeto por los derechos humanos). Hay mucho para criticar en lo que Alfonsín hizo luego (especialmente luego de dejar la presidencia), pero en ese momento dio en el clavo. En el fondo, el Alfonsín de 1983 fue un Buscador. Ése es el ejemplo que tenemos que seguir.

(*) Veo acá que este último libro está traducido al español. Ignoro a cuánto se consigue en Argentina –si es que se consigue.

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1 comentario

  1. dime a cuánto lo pagaste y te diré cuánto lo valoras « Argentina, país generoso

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