el arte de la herestética

Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura.” (Jorge Luis Borges, “El Sur”)

El gobierno maneja muy bien lo que el politólogo William Riker llamó herestética, es decir el arte de marcar la agenda, de plantear la discusión política en los términos más favorables para uno. Si la retórica consiste en el arte de persuadir a los demás de las propias posiciones, la herestética es la capacidad de “inclinar la cancha” para ganar el debate sin necesidad de convencer a nadie. El ejemplo perfecto es el lanzamiento del billete de Evita: a través del mismo, el gobierno logró mover el debate desde la inflación, donde sale perdiendo, a los méritos relativos de Roca y Eva Perón, donde la cosa está mucho más pareja. Un golazo de media cancha.

La contracara de la capacidad del gobierno para marcar la agenda es la nula capacidad de la oposición para introducir algún tema de debate que “prenda” en la gente. Más allá de la discusión sobre si la oposición es suficientemente crítica del kirchnerismo o no, lo que es grave es que ningún dirigente opositor sabe (o quiere) cómo decir algo que pase a estar en boca de todos y obligue al gobierno a responder. Como recientemente señalaba un amigo, limitarse a criticar sólo las peores barbaridades del kirchnerismo (como el Indec), o a proponer generalidades contra las que es imposible estar en desacuerdo (como que necesitamos más educación) no es en el fondo más que una forma de autocensura. Lo que necesitamos es un dirigente opositor que sea como Lanata, que sepa (y quiera) instalar temas en la agenda.

La comparación con Lanata es especialmente adecuada porque la paranoia con la que los kirchneristas respondieron al lanzamiento de Periodismo Para Todos muestra que el gobierno es muy consciente que su principal activo político es el control de la agenda. Además, los ataques que recibió Lanata también ilustran lo que le espera a cualquier dirigente opositor que logre instalar un tema incómodo para el gobierno. A nadie le gusta que lo critiquen, pero como lo muestra la historia del propio Néstor Kirchner, para triunfar en política muchas veces es necesario instalar temas nuevos, y eso implica recibir un vendaval de críticas. En los blogs y artículos kirchneristas es frecuente leer que la política es conflicto, que nunca es posible dejar contentos a todos. El gobierno se tomó el mensaje al pie de la letra. Sería bueno que los opositores empiecen a tomarlo en cuenta.

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