Yo tengo un plan para Francisco

La provincia de Buenos Aires está triplemente maldita: (a) con el 38.9% de la población, es por lejos el distrito más poblado del país (la provincia que le sigue, Córdoba, es 4.7 veces más chica); (b) recibe mucho menos recursos nacionales de los que debería: entre 1983 y 2010 las transferencias automáticas de la nación promediaron US$158 per capita por año (a precios de 2005), prácticamente dos tercios menos que el resto de las provincias (US$493, ó US$513 si no contamos a la CABA); y (c) está enormemente subrepresentada en el Congreso Nacional: en Diputados tiene casi 30 legisladores menos de los que le corresponderían por población, y ni hablemos del Senado, donde todas las provincias tienen igual cantidad de representantes.

La combinación de esos tres factores genera una serie de incentivos perversos. (a) significa que el gobernador de Buenos Aires es un presidenciable natural, ergo un rival del presidente de turno. Por eso las relaciones entre ambos son como mínimo tensas, incluso si pertenecen al mismo partido: pasó con Avellaneda y Tejedor, con Yrigoyen y Crotto, con Perón y Mercante, con Menem y Duhalde, y ahora con Cristina y Scioli. (b) implica que el gobernador de la provincia cuenta con muchos menos recursos que sus pares de otros distritos, de ahí los esfuerzos de Montoya por cobrar impuestos provinciales como sea. Y una combinación de (a) y (c) induce a los gobernadores a no reclamar una revisión integral del sistema de coparticipación, a pesar que la provincia es la que más pierde con el sistema.* Por un lado, (c) significa que la capacidad de los legisladores bonaerenses de presionar por más recursos para su provincia es relativamente limitada. Por otro, un candidato a presidente que salga a pedir en público que las otras provincias resignen plata en favor de Buenos Aires no sólo se va a poner a todos los otros gobernadores en contra, tampoco va a poder sumar muchos votos fuera de su distrito. Y armar una coalición con otras provincias es inviable porque el gobernador de Buenos Aires no puede comprometerse a no convertirse en la parte dominante de dicha coalición.

La solución al problema sería un gobernador que no quiera, o mejor aún no pueda, ser candidato a presidente en el futuro. Un gobernador semejante tendría una mejor relación con el presidente de turno, y la presión de no tener que buscar votos en el resto del país le permitiría dedicarse a presionar por una revisión integral del sistema de coparticipación. Pues bien, ese candidato existe: es el Francisco que no le hace asco al dinero. Por ser colombiano, De Narváez puede alegar, creíblemente, que no va a ser candidato a presidente en 2019 ni en 2023. Pero en un contexto donde los jueces son estratégicos y la jurisprudencia no es clara, haber nacido en Colombia no es suficiente. De ahí mi plan: en lugar de presentarse a la gobernación, ganar, y luego presionar para que la justicia le deje competir por la presidencia, De Narváez tiene que lanzar una candidatura presidencial ahora y apelar hasta que la Corte Suprema le niegue el derecho a presentarse. Recién ahí toca bajarse a la gobernación, y centrar su campaña en que, en tanto no presidenciable, va a estar en mejor situación de defender los intereses de los bonaerenses.

(*) La Ciudad de Buenos Aires recibe aún menos recursos de forma directa, pero como es la sede del gobierno nacional y el distrito más rico del país, el problema es menos grave.

Anuncios
Entrada siguiente
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: